Historia de una gordita

Hace poco, durante la primera visita con mi Nutricionista en un momento de la recogida de datos me preguntó:

– ¿Cuánto tiempo hace que no estás en tu peso?
– Que yo sepa, nunca he estado en mi peso. Puede que de bebé, pero creo que a estas alturas, esa etapa la podemos descartar.

Y es que siempre he tenido sobrepeso. Desde que tengo uso de razón. Siempre he sido la ‘gordita’ -si te lo decían con cierta amabilidad- o la gorda o adjetivos peores si te lo decían con cierta hijoputez.

Supongo que empecé a tomar consciencia de ello desde la infancia bien porque los demás niños empezaron a decirlo, bien porque yo corría menos que ellos, bien porque mi madre me lo advertía al hacer barquitos en la salsa o bien por todo a la vez.

Lo cierto es que crecí con ello y que para cuando me vi en la foto de la primera comunión por primera vez pensé: “¡Qué horror! ¡Tengo la cara cómo un pan!” 9 años la criatura.

Por aquella época, jugaba a disfrazarme, y me ponía mi bañador amarillo y mis calentadores a rayas azules y amarillas -molones a más no poder- para parecerme a esas chicas que salían los sábados por la mañana en la tele también con calentadores molones y cintas en el pelo dando saltos. Y era curioso lo que se me pasaba por la cabeza: que mi cuerpo con barriguita no se parecía nada al de aquellas chicas. Vamos, ni por el forro. Sólo se acercaba algo si estiraba los brazos hacia arriba muy mucho. Aunque claro… era complicado ir así a todas horas. Altamente incómodo, imaginaos.

eva nasarre

He de ser sincera y afortunadamente puedo decir que no viví una infancia traumatizada por el peso. Algún que otro insulto o broma cruenta a medida que nos hacíamos mayores pero nada que no le pasara a otros niños más altos, bajos, con gafas o que pasaban por allí.

Si se constató o, mejor dicho, se empeñaron en constatar los adultos que lo mío claramente no era el deporte. A ver, a mí no me terminaba de gustar, no se me daba del todo bien, con lo que me gustaba menos. Me comentaban constantemente que era normal que es que yo siempre había sido muy ‘torpona’, me sentía torpe, asumía que lo era, tenía miedo a caerme, no llegar, quedar la última, la que no puede… le empecé a coger su poquito de tirria, además aquello cansaba de la leche. Cómo podéis imaginar a esas alturas ya había quemado los calentadores,… con lo que yo hubiera disfrutado bailando con ellos. Pero claro, eso a nadie se le ocurrió. Eso no era deporte. El mundo claramente se perdió a la mejor bailarina en calentadores de la historia. Mundo cruel.

 

En fin, realmente fue un cumulo de factores, para mí no era fácil (como supongo que lo es para nadie) y por otro lado los adultos a mi alrededor aunque con toda su buena fe quisieron que yo hiciera deporte no supieron como inculcármelo. Hago hincapié en esto pues esta falta de hábito de actividad y ejercicio me ha marcado el resto de mi vida. Y no para bien, cómo podéis imaginar pues nunca llevaré la llama olímpica ni seré abanderada. Un drama.

La adolescencia ya fue harina de otro costal. Aquí si era plenamente consciente de mi cuerpo. Plenamente consciente que era ‘la gorda’ de mis amigas, la que no gustaba a los chicos, a la que no le quedaba bien la misma ropa que a sus amigas o le costaba la vida encontrar ropa ‘guay’ y la que rezaba para que a ningún hijodeputa-guay del insti se le ocurriera gritarte ¡GORDA! en el pasillo en el intercambio de clases.

Y aquí es donde comienzan “Las Dietas: El Musical”, con mejores o peores resultados a corto y nefastos a largo. Estaba la dieta maternal: era la voz de la conciencia de mi madre que cada vez que nos sentábamos a comer, con toda su buena intención entonaba la letanía…”Anuuuuuuuuska… sujétate hija”. “Anuuuusskaaa … que después verás” “Anuuuusskaaa … que después no quieres estar gorda” Todo un refuerzo a mi autoestima cómo podéis imaginar. Amor de madre. Pero seamos sinceros, Anuska no se sujetaba, a Anuska le gustaba comer y su madre cocinaba en abundancia y de tres estrellas Michelin. La que más me costó (bueno a mis padres que los pobres se dejaron un riñón sin poder…) fue la de un “Centro de Estética” con masajes drenantes incluidos, porque claro: “es una lástima que la niña esté así”. Lo que fue una lástima fue cómo nos sacaron el money con las cremas, masajes, citas y demás. La que me hizo perder más peso fue una proteica que seguí en el herbolario de abajo de casa. Pero en cuanto paré… los kilos volvieron haciendo una conga. Una tras otra y tiro porque me toca.

Y así llegamos a la vida adulta, que la verdad no es que cambiase mucho. Sigues intentando dietas varias, sinceramente sin demasiado convencimiento ni adhesión, con lo que no hay mucho que hacer. Recuerdo la vez que decidí ponerme definitivamente en manos de profesionales. Fui al médico de cabecera, le conté que quería bajar de peso, que me preocupaba, y le pedí que me derivara al endocrino. Un mes más tarde allí estaba yo, motivada, preparada para que aquel señor me ayudara dándome pautas, estableciendo un “tratamiento” o lo que hiciera falta.

– Hola Buenas Tardes ¿se puede?
– Si pasa. Siéntate. Bueno cuéntame ¿qué te pasa?
– Pues verá Ud., estoy preocupada por mi sobrepeso y me gustaría bajar pero de una forma sana, controlada y no tener un efecto rebote.
– Hija, el efecto rebote se evita no comiendo.
– …
– Anda, toma. – Abre el cajón, y saca una fotocopia de mala calidad que tenía como encabezado: Dieta de 1500 Kals”-. Haz esto. Y pide cita para seis meses.

No hay más preguntas señoría. Así que eso fue lo que duró mi “dieta seria en manos de profesionales”, exactamente unos dos minutos, el tiempo que tienen destinado por paciente en consulta.

Se dice que a medida que vas madurando consigues ser más segura de ti misma, que superas los complejos y ‘tonterías’ de juventud… bueno, pues no. O al menos a mí me está llevando digamos ‘su poquito’. Inseguridades, miedos, todos arrastrados desde la adolescencia y sin resolver. Y yo no se vosotros, pero a mí los míos no se me han resuelto ‘por arte de magia’. Yo he tenido que currármelo con mucho trabajo personal. Y es ese trabajo personal el que me lleva tres años atrás. Al año 2013.

En 2013 comencé un programa de desarrollo personal y un proceso de coaching que me ayudó a reflexionar y enfocar muchos temas. Y uno de ellos fue mi sobrepeso. Cómo resultado empecé a regular mi alimentación y comencé a realizar ejercicio de forma habitual. Al principio la alimentación la regulaba simplemente con sentido común, introduje más verduras y frutas, evitaba salsas, fritos y similares, reduje las cantidades conscientemente, después recurrí a profesionales y los resultados comenzaron a aparecer: en un año había bajado casi 25 kilos.

Todo iba bien, pero desafortunadamente la vida me dio un revés que hizo que todas mis rutinas y hábitos se trastocaran. Ansiedad, viajes, mal comer… y una lesión en el peor momento hizo que retrocediera parte del camino recorrido. Digo parte porque aunque he recuperado parte de esos kilos, lo cierto es que no los he recuperado todos. Me ha costado recomponerme y volver a centrar el foco pero en ello estoy. Tengo claro lo que tengo que hacer, y cómo lo tengo que hacer. Y por supuesto, que se puede conseguir. Lo he hecho antes. Y lo voy a volver a hacer ahora. Y es aquí dónde establezco de nuevo mi punto de partida.

¿Me acompañas?

 

AK.

 

 

4 thoughts on “Historia de una gordita

  1. Holaaa¡
    Todos tenemos nuestros complejos en la adolescencia y siguen ahí aunque llega un momento en que no tienes lugar para verlos, ¡No tengo tiempo de mirarme al espejo! Y por eso casi no me veo la nariz tan feucha que dios me dio, por que de mis padres no era…mi padre me decia q podria fumar debajo de la ducha, era coña pero no ayudaba y mi madre que no fuera tonta que si me operaba la nariz algun dia cuando tubiese hijos si tenian mi nariz a quien iba a decir que se parecian? “A tu prima mama”
    Hoy tengos dos niños preciosos y los dos chatos jajaja cosas de la vida y mi nariz es mi nariz una nariz más.
    Y tu amiga mia seguro que puedes volver a bajar de peso y mientras bajas piensa que para mucha gente eres muy especial, guapa, inteligente, tienes un ritmo que mas quisiera alguna y me encanta como escribes.
    Besosss

    1. Pero qué grande eres Mamuchi!! 😀
      Efectivamente, todos tenemos algo que no nos gusta, que queremos cambiar, que nos afecta más o menos… y lo grande es saber aceptarlo, cambiarlo en la medida de lo posible (si quieres, claro está) y sobretodo buscar la manera superarlo y ser feliz.
      Un besazo enorme!!

      A.

  2. Hola guapa lo primero felicidades, yo estoy en el mismo proceso que tu, y se lo dificil que es dar ese paso…. tu vida y la mía tienen muchas similitudes … la que mas gracia me ha echo a sido la del médico…. a mi me pasó exactamente igual … sacó la fotocopia del cajón y me dijo lo mismo que a ti…. en fín muchos ánimos que somos mujeres valientes y lo vamos a conseguir… y la aptitud es super importante…… y como tu dices no es solo una simple cuestión de pérdida de peso, si no de un cambio total de ver la vida y la comida… es lo fundamental, yo lo he tomado no como una dieta, sino como un cambio de vida, en cuanto a comida, deporte, cambio de chip… sigue así guapa… eres la mejor.. muach.

    1. Gracias Lore!! Agradezco mucho tus ánimos.
      Cómo bien dices es un cambio total de hábitos, costumbres y ver la vida en todos los sentidos.
      Espero verte por aquí y participar cuanto quieras.
      Muchos ánimos también para ti que lo estás haciendo genial!
      Un besazo
      A.

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